Kaurismäki y Haneke: ¡viva el plano fijo!

La familia de Haneke

Hacía tiempo que no pasaba por aquí, en efecto. Los acontecimientos neffestivaleros de los que algunos ya estarán al tanto, nos tenían bastante ocupados. De ello hablaremos en otro momento.

En fin, mientras tanto, el cine sigue, y la ocasión de ver cosas buenas también, aunque sea en el hogar. Gracias al dvd y a las estupendas colecciones de Cameo, este fin de semana he disfrutado con dos historias de sendas familias europeas modernas, muy distintas. Papá, mamá, niño/a…un trío en ARIEL (1988) de Aki Kaurismäki, y otro en EL SÉPTIMO CONTINENTE (1989), de Michael Haneke. Curiosamente, de fechas de producción muy similares. El visionado casual en días sucesivos de estas películas, me ha traído a la cabeza algunos pensamientos sobre estos dos cineastas europeos, que están entre los que más me interesan de las últimas décadas.

Me gustan el austriaco y el finés porque ambos son rigurosos, estoicos, poco estridentes. Sus películas siempre dan la impresión de estar medidas y planificadas hasta el extremo, pero con una coherencia tal que uno no se las puede imaginar de otra manera. Forma y contenido están ligadas estrechamente, y lo que a algunos les podría parecer un ritmo eterno, a mí me parece un tempo, por usar la palabra más sencilla, sí, hasta “entretenido”.

Ariel

Aunque pueda parecer frívolo, desde luego, visto ahora mismo EL SÉPTIMO CONTINENTE, usar ese calificativo. Haneke es el gran cineasta “gore” europeo. “Gore” del peor, del moral, es lo que campa en las escalofriantes disecciones de la burguesía moderna del realizador. En un ambiente de aparente calidad de vida y tranquilidad siempre anida lo más terrible de todos nosotros, lo que no se ve, los bichos que están en nuestra mente y corazones. Son rigurosas también en su pesimismo las cintas de Haneke. Por contra, y pese a los ambientes helados y deprimidos en que se mueven los personajes de Kaurismäki, siempre hay sitio para el humor y para la esperanza, y más de una vez esbozamos la sonrisa con películas como ARIEL.

Desde luego, cada uno deja un cuerpo muy distinto al espectador tras asistir a sus películas, casi casi “ying” y “yang”. Así que, ya saben, según tengan ustedes el día, Haneke o Kaurismäki.

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