El estreno de Koldo Serra

Decía un sabio amigo crítico que muchas veces existe en cierta prensa española el ansia de descubrir en sus comentarios una obra maestra cada semana, o cada mes. Y es cierto que las películas que trascienden no nacen todos los días, por muchas ganas que tengamos. Valga esto para aplicarlo también a nuestro cine español, donde a un mero joven artesano con oficio y cuatro películas ya se le hacen cánticos, libros y homenajes poniéndolo de “genio” para arriba. Este “deprisa,deprisa” también carga sobre las espaldas de los jóvenes directores que estrenan su primer largo, y que saben que, desgraciadamente, a menudo mucho más duro será llegar al segundo, independientemente de la calidad del resultado.
Algo de esa inquietud sufre el vasco Koldo Serra ante el reciente parto de su BOSQUE DE SOMBRAS. Serra pertenece a una generación nombrada, según donde lean, como “generación goonie”, “generación e-mule”…Yo la llamaría también “generación de los festivales”. Gente como él, Eugenio Mira, Daniel Sánchez-Arévalo, José Antonio Bayona, Nacho Vigalondo (con película estrenada o por estrenar) se han recorrido gran parte de los casi doscientos saraos del cine de este país con sus cortos bajo el brazo, currándose los medios, el público, y su pasión. Generación profundamente cinéfila y audiovisual en general, muchos de ellos han mamado el cine comercial hecho con calidad, la convención genérica -sobre todo norteamericana, hay que decirlo-, y están propuestos a dar un salto cualitativo respecto al intento que hace ya casi 20 años otros como Álex de la Iglesia o Enrique Urbizu acometieron. Sin renunciar a su cuota de autoría, pero sin creerse inventores de la penicilina, pueden realmente -si les dejan- crear un cine industrialmente competitivo, y que también sea bien acogido en el exterior.

Vale, disquisiciones industriales aparte, ¿qué me parece BOSQUE DE SOMBRAS? Pues que entra de lleno y con toda dignidad en esa fenomenología, y lo hace porque está bien hecha, porque es una película seria, porque cumple con más que solvencia en el manejo de la técnica, sin complejos sacando partido de las figuras de gente como Gary Oldman y Virginie Ledoyen…Aparte de esto, Koldo Serra es valiente, y, diciéndolo con propiedad, hace “una peli con un par”, se atreve a poner en escena momentos físicamente incómodos, violentos y “muy de mal rollo”, con seriedad y sin caer en el ridículo. Momentos que, como el excelente final, sujetan el interés narrativo de la cinta.
Una pena que esa violencia y pesimismo que sabemos que la película quiere plantear no contamine todos los fotogramas, también aquellos en los que no hay sangre, sino diálogos o miradas, relación entre esos escasos personajes que Koldo filma muy muy de cerca, pero sin conseguir hacernos sentir incómodos los algo más de noventa mínutos de metraje. Para conseguir esa auténtica experiencia física, sensorial, que sus maestros como Peckinpah sí lograron, le queda al director una, eso sí, prometedora carrera por delante. Otro cine español es posible.
BOSQUE DE SOMBRAS. Dir: Koldo Serra. Ints: Gary Oldman, Virginie Ledoyen, Lluis Homar, Paddy Considine, Aitana Sánchez-Gijón.
2 Comentarios
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Cuando la vi en Sitges, me pareció una película prometedora, muy bien rodada, pero excesivamente fría: le falta el punto de locura, de tremendismo, que una historia tan tremebunda demandaba. Aun así, las cosas buenas que vi en ella ma despiertan las ganas de ver lo próximo que ruede Koldo.
Tenía todo los ingredientes para ser una de esas pelis que te dejan satisfecho. Una de ésas que, sin bombo y platillo, logran meterte el gusanillo de su intención. Sin embargo, se quedó en un “quiero y no puedo”. Tras un planteamiento, a mi juicio, correcto, llega algún que otro tópico que me hizo arrugar la nariz. “Está bien”, pensé, “no vamos a ser demasiado severos…”. Pero lo que debería ser un desarrollo ‘in crescendo’, se convierte en una contínua frustración para mis ansiosos ojos espectadores. Buenos ingredientes pero, sea por el gúión, sea por el rodaje, salí de Bosque de sombras con la sensación de que se queda mirando al borde del precipicio, sin atreverse a lanzarse al vacío.
P.D.: Cómo me gusta Gary Oldman…