Un “güiken” de cine español

 La Distancia

Pues sí, no sé si tomármelo de entrada como buena señal. Pero el hecho de que piense más a menudo últimamente que tengo que pagar por ver ciertas pelis españolas, puede empezar a hacer crecer mis esperanzas personales respecto al panorama de aquí. El caso es que el fin de semana pasado lo dediqué a dos producciones españolas, con muy distinta impresión a la salida. Dos películas de planteamiento formal también muy dispar. Ninguna me entusiasmó, pero tengo matices para cada cual.

LA DISTANCIA es “opera prima”, del vitoriano Iñaki Dorronsoro, a quién le ha costado llegar a este momento después de varios años en el gremio. Se lo ha tomado con calma, sin decisiones precipitadas, y filmando el guión propio que deseaba filmar. Y se agradece porque se nota que se toma en serio lo que está contando, y se lo cree. Primer tanto a su favor. Es una cinta que cree en el género que aborda, el policíaco con tintes dramáticos, sin ironías ni posmodernidades. Nocturna, de pocos personajes, el mundo del boxeo y el concepto de “distancia” son sencillas pero efectivas simbologías de los vaívenes de los personajes. Filmada con elegancia y con un interesante giro final (que no sorpresa), mencionamos también especialmente la envolvente música de Alex Martínez, a lo Bernard Herrmann, como una película negra se merece. No gustará si esperan mucho movimiento, ruido y estridencia, pero sí si aprecian una historia bien contada.

Salvador

Si quieren movimiento y colorín, dolor y furia, que diría un anuncio, acudan a ver SALVADOR. Si su director Manuel Huerga ha declarado en alguna entrevista tomar como referencia EL FUEGO DE LA VENGANZA de Tony Scott o BLACK HAWK DOWN, del hermano Ridley, ya se pueden imaginar por donde van los tiros. Técnicamente irreprochable, presumida y apabullante, el resultado final es un ejemplo de que estos recursos no quedan bien para todo, y que a veces puede salir el tiro por la culata de la dramaturgia. Planos brevísimos, múltiples texturas de imagen, movimiento sin fin en toda la primera parte de la película, las peripecias de, no lo olvidemos, un personaje real, Salvador Puig Antich. Que con este estilo se convierte en una figura de tebeo, apenas trazada como humano. Nada queda en el corazón del espectador ante este despliegue visual, que roza a menudo la confusión.

Me gusta que cuando me manipulen en una peli me lo hagan bonito y bien, y me lo crea. Si no, me irrito, como aquí, donde las cartas se ven demasiado claras. Si eliges “peliculizar” una historia verídica como ésta, y retratar como “buenos” y “malos”, hazlo bien. No esperen encontrar análisis del tardofranquismo en SALVADOR, más verán en un episodio de “Cuéntame”. Pero el cabreo monumental llega con el final y toda la planificación de la ejecución, demostración de que todo el artefacto anterior estaba planteado para conseguir la congoja fácil, recreándose con muy poco acierto en el garrote vil, vaciando ese momento de todo significado dramático. ¿Alguien se acuerda en ese momento de por qué luchaba Puig Antich? No, pero tenemos que llorar. Todo muy moderno y muy falso. ¡Ay, y luego nos metemos con Spielberg!

LA DISTANCIA. España, 2006. Dir: Iñaki Dorronsoro. Ints: Miguel Angel Silvestre, Federico Luppi, José Coronado.

SALVADOR. España, 2006. Dir: Manuel Huega. Ints: Daniel Brühl, Leonardo Sbaraglia, Leonor Watling, Tristán Ulloa.

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